Sonntag, 28. Juni 2015

Majeaux Mará. Cita #14: Corajes y yoga. Tan cerca, tan lejos

Hoy domingo habíamos planeado Majeaux y yo de vernos cerca del HEB de la avenida Eugenio Garza Sada, pasar por una nieve y seguramente pasear a algún otro lugar. Claro, todo esto lo haríamos después de que ella saliera de su curso intensivo de yoga.

En los días previos al evento ella me había comentado que se desocuparía a las cinco de la tarde, pero hoy por la mañana me dijo que el curso terminaría a las cuatro de la tarde, por lo que pensé en ir a misa temprano (a más tardar a misa de una de la tarde) para poder verla a ella sin estar con el pendiente de si alcanzaría yo asistir a misa.

Ya cerca del mediodía, mientras yo ya iba saliendo de mi hogar en Laubax dirigiéndome al centro de Harlzbornn, me manda un mensaje avisándome que debido a que se retrasaron, el curso iba a terminar cerca de las cinco y media de la tarde. Yo le contesté que no habría problema, que a esa hora nos veríamos donde habíamos acordado.

Ya estando en el centro de Harlzbornn, recordé que había misa en la parroquia de El Sagrado Corazón de Jesús, sobre Zaragoza, y tomé un taxi para llegar rápido ahí. Al arribar al templo vi que la gente salía de la misa anterior de mediodía, y como vi que poca gente llenaba las bancas, confirmé que la misa siguiente comenzaría a la una y media de la tarde. Así tuve oportunidad de tomar algunas fotografías dentro del templo y aproveché para confesarme, pues ya mi espíritu lo necesitaba.

Ya la misa pasó a buen ritmo, tras haber escuchado las lecturas sobre la fe de la hemorroísa y del padre de la chica muerta que Jesucristo resucitó. Pasé a comulgar y todo estuvo muy bien. Es hermoso tener la gracia de Dios.

Saliendo de misa me dirigí a la calle Morelos. Pasé a curiosear tiendas deportivas y ver si me topaba con algunos tenis de baloncesto que me gustaran. No hubo ningún par tan llamativo como el que vi hace semanas en Céntrika.

Luego pasé a la librería Iztaccíhuatl y fui directamente a los libros académicos. Tras pocos minutos de estar ahí, se acercó a mí un antiguo compañero de la carrera, Harlz Schiller. Platicamos un rato sobre nuestros caminos profesionales. A él lo conocí en el primer semestre de la carrera, luego se cambió a la carrera de químico farmacobiólogo, y tras varios semestres no supimos nada uno del otro.

Harlz me comentó que actualmente se dedica a dar clases a nivel bachillerato en el municipio de Anáhuac. Me dijo que en su anterior trabajo él laboraba por contrato, y no era una forma segura de laborar. Varios de sus compañeros de generacíón se encuentran buscando otras formas de generar ingresos. Así que cuando le ofrecieron una plaza para dar clases, la tomó y la ha pasado bien.

Nos despedimos y yo seguí viendo más libros académicos. Lamentablemente no pude ver gran cosa porque ya iban a cerrar la librería y salí pronto del lugar. Me dirigí entonces a la siguiente librería, Gonvill, la cual, siendo más pequeña, a mi parecer tiene mejores libros.

Me entretuve también viendo los libros académicos. Algunos títulos me llamaron la atención. Unos eran tentadores para mi interés académico, otros eran muy redundantes y en algunos pude descubrir algún tipo de estafa académica. Me sentí orgulloso de poseer ya varios libros grandiosos.

Después de esto caminé toda la calle Morelos, luego Hidalgo hasta llegar a la avenida Pino Suárez donde tomé la ruta 1, llegando hasta Le Dörfeaux Mehnarins. ¡Decidí caminar desde Le Dörfeaux hasta el HEB de Garza Sada! Hace años que no lo hacía, y caminar por la ruta dentro de la colonia en lugar de la avenida me hizo recordar las tantas veces que, estando en la preparatoria, solía caminar y admirar las opulentas casas.

Comencé a andar por las casas aledañas a Le Dörfeaux, y luego batallé para encontrar el camino correcto para arribar a la colonia Contry sin caminar por la avenidad de Eugenio Garza Sada. Me entretuve demasiados minutos entre las calles de Valencia, Cataluña y Galicia, hasta que me regresé por la calle de Hamburgo y di con Junco de la Vega. Fue ahí donde me topé con el Instituto Excélsior, colegio católico salesiano.

Siguiendo caminando por Junco de la Vega caminé cerca de la casa de los padres de Haargues, amigo mío que conocí en la Jugendliche Gemeinschaft del grupo 83. Él fue animador de mi grupo 89 en la primera etapa. Tras caminar unas cuantas cuadras más, llegué a la avenidad Alfonso Reyes, y por ésta anduve caminando hasta hallar la calle Estrellas.

Sobre la calle Estrellas pasé por un parque muy largo y tranquilo. Al parecer la gente que vive en esta colonia prefiere más la naturaleza que hay en sus pantallas de alta definición que la naturaleza misma. Claro, hacía bastante calor, pero el lugar es muy bonito para andar por ahí.

Minutos más tarde yo estaba pasando frente a las casa de mi gran amigo Java. Su casa está en medio de la casa de sus tíos y de su abuelo. Ya no he sabido nada de él. Lo último que supimos mi amiga Ibis y yo fue que se encontraba en Estados Unidos estudiando una carrera para desarrollar videojuegos en la Universidad de Texas en Austin. ¡Genial!

Después de la casa de Java yo ya no recordaba el camino para llegar al HEB de Garza Sada. Sabía que me encontraba ya cerca, pero no conocía el rumbo a tomar. Y nunca encontré la parroquia de Corpus Christi, donde sé que participa [Natalia Cebrián], una chica muy linda que fue mi compañera en Il Zièdew Abanarins.

Tras muchos pasos más, terminé saliendo a la avenida Revolución. ¡Salí del otro lado! La idea era salir por Garza Sada, ¡no por Revolución! ¡Claro!, sabía muy bien que yo ya me encontraba cerca donde ambas avenidas se unen para convertirse en la continuación de Garza Sada, lo que más al sur de la ciudad se conoce como la Carretera Nacional.

Caminando ahora por Revolución llegué a un Oxxo donde, con lo poco que me quedaba de dinero en mi tarjeta de débito, alcancé a comprar un refresco de sangría y unos chicles de menta. Caminé hasta llegar a una parada de autobús, simulando que esperaba una ruta de transporte público, viendo a cientos de personas pasar frente a mí en sus autos lujosos.

Y mientras yo hacía creer a mi auditorio de la avenida que yo estaba esperando el camión, la verdadera razón de mi estadía en esa banca era tan solo hacer más tiempo porque había quedado con mi novia de vernos a las cinco y media de la tarde en el HEB de Garza Sada, y faltaban casi cuarenta y cinco minutos para nuestra cita y yo ya no sabía qué hacer, ni dónde sentarme entre tantas calles, ¡donde no hay lugar para pobres peatones como yo, sino para autos del año que nunca tendré!

Llegué finalmente al HEB. Hacía bastante calor y también tenía ganas de orinar. Tenía años de no entrar a este súpermercado y no recordaba en qué sitio se encontraban los sanitarios públicos. Al preguntarle a un guardia, éste me recordó que se hallan dentro de la tienda. Claro que él notó que yo portaba entre mis manos una bolsa de polietileno con un libro. Cuestionóme si lo había comprado ahí, y contestéle que no, que ya lo traía conmigo. Después de analizar mi libro en inglés, decidió dejarme pasar tras haberle puesto una calcamonía a mi bolsa donde decía "HEB" y unos números que de alguna manera serían decifrados como una clave de un permiso para poder pasar con cosas personales.

¡Sentí un gran alivio tras haber orinado! Salí de los baños y quise refrescar mi cuerpo tomando agua del bebedero a la entrada de los baños. Pero como el flujo era muy pequeño, me harté y quise mejor salir al horno de la ciudad, a las calles pavimentadas y al estacionamiento de la tienda.

Faltaba media hora para que fueran las cinco y media y yo ya le había mandado un mensaje a Majeaux comentándole que ya estaba en el HEB de Garza Sada. Ella me contestó con cara de sorpresa, pues me dijo que aún le faltaban tiempo para terminar sus actividades.

Quise ser paciente. Pasaron los minutos, y ya eran casi las seis de la tarde. No había comido desde la mañana que almorcé con mi mamá y mi hermana en Laubax, y sacrifiqué horas de mi tiempo para poder verla, y aún no nos veíamos. Yo seguía siendo paciente, aunque me desesperaba el hecho que ella, por estar ocupada, no me podía contestar, sabiendo ella que yo ya la estaba esperando.

Después de haberle enviado unos mensajes por WhatsApp, SMS y haberla llamado sin respuesta alguna, esperé otros minutos. Poco después recibí finalmente una llamada suya diciéndome que debido a que hubo varios retrasos, le faltaría todavía una hora. ¡Una hora más!

Ella sabiendo que yo tenía buen rato esperándola, apenada díjome que igual podríamos vernos otro día, que ya era tarde. ¡Me desesperaba por dentro con su respuesta! Yo asombrado le dije "¡¿Entonces ya no nos vamos a ver o qué?!". Me sorprendía demasiado el hecho que nos encontrábamos muy cerca. Le insistí entonces, comentándole que quería verla, que me dijera en qué lugar estaba. Ella prometió mandarme la ubicación por WhatsApp y así terminamos nuestra llamada.

Pasaron unos pocos minutos cuando recibí su ubicación por WhatsApp, pero lamentablemente no me había pasado la dirección (calle y número), así que no me quedó de otra más que dirigirme a la ubicación, utilizando la herramienta GPS de mi smartphone. Ella me había comentado que llegaría rápido, que la casa donde ella estaba se encontraba a unos tres minutos o menos del HEB de Garza Sada. ¡Claro, a tres minutos pero en auto!

Ya que según Majeaux faltaba una hora para que ella saliera de su curso de yoga, decidí caminar a paso lento, sin prisa, hacia la casa donde ella se encontraba desde hace varias horas, haciendo quién sabe qué cosas de yoga. ¡Maldito New Age! Después de casi media hora ya me encontraba en la cuadra donde el sistema de posición global me decía que ella se encontraba. Pero todavía no recibía su mensaje donde me diese el dato de la calle y el número. ¡Qué desesperación! ¡Tan cerca y tan lejos!

Como no vi ningún anuncio sobre yoga en alguna de las casas de alrededor, caminé por otra casi media hora por toda la cuadra, a paso lento, exasperado sobremanera. Gracias a la caminata de muchos minutos, el coraje y el enojo se me pasaron por el cansancio. Finalmente recibí un mensaje de ella donde me decía cuál era la calle y el número. Curiosamente, era el lugar a donde inicialmente arribé, pero como no vi nada sobre yoga, no quise presuponer y seguí buscando.

Cuando le di la vuelta completa a la cuadra, desde lejos la pude ver a ella. Por fin veía la silueta de mi hermosa novia. Cuando ella me reconoció desde lejos, me saludó alzando los brazos, esperando a que yo corriera románticamente hacia ella. Pero yo venía cansado, desesperado, asoleado, sediento y hambriento, además de que un perro pequeño venía persiguiéndome y ladrándome, y el hecho de correr hacia mi novia solamente complicaría más mi situación, así que decidí, egoístamente, caminar a paso calmado hacia mi mujer querida.

Al estar uno frente al otro, nos saludamos y besamos, abrazándonos. "¿Cómo estás?", nos preguntamos el uno al otro. Después de tantas horas esperándola ahora sí pude ver a mi novia. Ella me comentó que ya habían terminado los ejercicios y que solamente le faltaba una plática, pero como había gente haciendo fila para su turno de esa plática personal con cierto guía, le faltarían varios minutos (u horas). Así que aprovechamos el tiempo para estar juntos y platicar.

Buscamos un Oxxo cercano, el cual se encuentra sobre la avenida Acapulco, que recorre el monte sobre donde se encuentra esa colonia, formando un camino elevado y con curvas pronunciadas. Ella me seguía platicando sobre su curso de yoga. Yo insistía preguntándole qué cosas había aprendido; ella sin darme detalles me decía que muchas cosas, las cuales le servían mucho y que conoció a mucha gente, y ésta última me la recalcó mucho. Conoció a mucha gente.

Dentro de mí se incendiaban mis pensamientos. ¿Acaso prefiere estar tantas horas con gente nueva que conmigo? ¿Qué tanto le enseñan, y qué tanto se cree, que no me quiere dar detalles? ¿Sabrá o pensará que yo opinaría (muy) distinto de lo que le enseñan ahí?

Luego me platicó sobre un tema, sobre las constelaciones familiares. Preguntóme si sabía algo al respecto, y por supuesto que mi respuesta fue "No". La verdad no recuerdo qué tanto (o poco) me explicó sobre este asunto pero sé que no es algo ortodoxo para alguien que se considera cristiano (católico). Entiendo que Majeaux tenga ciertas necesidades espirituales, y que necesita una guía, pero no me parece lo mejor (ni lo más correcto) acudir a medios de filosofías orientales o New Age.

Cuando llegamos al Oxxo, ella pidió unas galletas y una agua. Yo pedí una Sprite. Ambos teníamos bastante sed. Ella tenía poquita hambre, ya que sí había comido sanamente en su curso de yoga, mientras que yo me moría por comer algo delicioso pero ningún bocado o fritura me daría la satisfacción de comer algo más nutritivo o sabroso. Tras esto salimos de vuelta al lugar donde ella tomó su curso.

Caminamos por las calles de la colonia hasta encontrar un parque que está de bajada, y entre las dos calles que lo enmarcan, hay demasiadas escaleras, las cuales subimos con cansancio mi novia y yo. Ella siguió platicándome sobre la boda de Meralia, su compañera del trabajo, quien es cristiana (no católica) y que se había casado apenas ayer. Ella fue con sus compañeros de trabajo. Se divirtieron mucho, a pesar de haber sufrido de calor, ya que la boda (cristiana) fue en un rancho o quinta, bajo la intemperie, en un jardín enorme.

Cuando llegamos nuevamente a la casa de [Liliana], su maestra de yoga, nos quedamos afuera del edificio, en el pasillo de la entrada del hogar de estos señores de la nueva era. Yo tenía tantas ganas de abrazarla, besarla, acariciarla. ¡La extrañaba mucho! Ella, queriéndome calmar, díjome que me comportara, que estábamos en "casa ajena". ¡Qué desesperación! ¡Tenerla a mi lado y no poder besarla o abrazarla! ¡Eso sí es un castigo!

A sus palabras que me atormentaban mi ser no pudo más que expresarse honestamente, dando un gruñido de desacuerdo, el cual ella detectó muy fácilmente y se rió, imitándome cómicamente. Claro que en ciertos momentos accedió a besarme y nos tomábamos de las manos, acariciándonos. ¡Qué linda novia tengo!

Pasaron más minutos, eran casi las ocho de la noche, seguíamos esperando hasta que finalmente fue su turno de pasar a la plática con la guía de las prácticas de yoga. Para ese entonces ya nos encontrábamos dentro de la casa de [Liliana]. Además de nosotros y la pareja anfitriona, se encontraban tres mujeres de más de treinta y cinco años esperando también su turno. Gracias a Dios yo traía mi libro de To Kill A Mockingbird de Harper Lee para entretener mi mente de las trampas de las filosofías orientales que estos señores quieren inculcarle a mi hermosa novia.

[Liliana] se acercó a mí para ofrecerme agua de jamaica para tomar, a lo cual acepté de manera sencilla y seria, sin mostrar prácticamente algún gusto, pero tampoco mostrando desdén. Yo seguía con mucha sed, y con bastante hambre. A pesar que no me pude concentrar mucho en mi lectura, ya que me la pasaba observando mis alrededores y a las demás personas presentes en la sala, Majeaux salió pronto de su plática y así nos despedimos de las personas que se encontraban en la casa. Yo finalmente me sentía desahogado, ya que quería irme de ahí, pero también ya quería que mi novia se alejara de ese lugar.

Como buen novio y caballero que me considero, la esperé tantas horas, para verla por menos del tiempo que teníamos planeado o contemplado. La acompañé desde el lugar donde nos encontramos hasta su casa, habiendo tomado un taxi sobre la avenida Garza Sada, frente al HEB, arribando hasta la avenida Churubusco, ya en la colonia de mi novia, cerca de las nueve de la noche con cuarenta minutos.

Ya llegando a su colonia, unas de las primeras cosas que hice fue abrazarla y decirle lo mucho que la extrañaba, lo mucho que deseaba todos estos días pasados tenerla cerca de mí, en mis brazos. Ella me respondió con su cariño y recordándome cómo le encantó mi puchero gracioso cuando yo quería abrazarla y besarla afuera de la casa de [Liliana]. Ella entonces me respondió con sus besitos y cariñitos.

Al ir avanzando hacia su destino, ella continuaba comentándole algunas cosas que le recomendaban  en su curso de yoga, como hablar o comunicar más. Ella decía que el hecho de ser ingeniera ya la hacía de entrada parecer menos social, aunque sí lo es, y mucho más que yo. Yo le dije que para mí ella estaba muy bien. Entonces fue cuando le reafirmé diciéndole "Sí, bebé".

Y es aquí donde se marcó una pausa romántica, ya que fue la primera vez que le decía así, "bebé", en persona. Por escrito nos hemos dicho palabras bonitas, como guapo y guapa, linda, por decir algunas, pero hasta el momento no nos habíamos dicho bebé.

Seguimos caminando, tomados de la mano. Yo quería besarla todo el camino. En la esquina de una cuadra antes de llegar a su casa, nos despedimos, con besos lindos y tiernos abrazos. Apenas cruzamos la calle y ella separó de su cuerpo mis manos y brazos, y con ello mis esperanzas de tenerla más tiempo.

Odio tanto esta parte. Parece que tiene más temor de mostrarle a su familia, especialmente a su padre, sobre nuestra relación y afecto, que cómo me siento yo cuando me deja por un lado, a varios metros de distancia, mientras ella abre la reja de su casa cuando yo deseo todavía abrazarla, y decirle palabras bonitas al oído, aunque sea un pequeño "Te quiero mucho".

Cómo deseo que esto cambie. Pero por el momento, no puedo hacer nada más que dejar que todo fluya, sin alteraciones de mi parte. No quiero saber que estoy tan cerca de ella, y al mismo tiempo sentirme tan lejos de ella. No quiero hacerla sentir mal por mis deseos. La quiero mucho, la aprecio, y quiero que ella se sienta tranquila, segura, ...

... amada.

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